LA FE PARA LA VIDA

Por Jacek Dudzic

Os quiero hablar de FE, porque creo que como cristianos debemos saber cómo tenemos que seguir a Dios. Para muchos, la fe puede significar sólo CREER, pero de hecho FE es algo mucho más grande que sólo creer en algo. Hoy quiero compartir con vosotros alguna cosa que verdaderamente cambió mi vida y fue en1985 cuando tuve esta enseñanza que cambió mi punto de vista.



Yo creo que debemos saber qué es la fe y cómo debemos vivir esa fe. Recuerdo haber descubierto un capítulo en el Nuevo Testamento, que siempre estuvo en el N.T., pero nunca lo leí. Cuando empecé a leerlo, me tocó tan profundamente y hoy quiero estudiar con vosotros este capítulo. Así, si tenéis vuestra Biblia abridla, por favor, y encontrad la CARTA A LOS HEBREOS, cap. 11, que nos va a ayudar a comprender qué es la fe. Y os voy a dar los versículos en el capítulo.



Empezamos con el versículo 6: Ahora bien, sin fe es imposible agradarle, pues el que se acerca a Dios ha de creer que existe y que recompensa a los que le buscan".

Así que el problema es que sin fe no podemos acercarnos a Dios, porque la fe es la llave que abre la puerta, la fe es una realidad espiritual, es una nueva dimensión de la vida. Quizá os acordáis que en el Capítulo 9 del Evangelio de Juan hay una historia sobre un hombre ciego; cuando Jesús se encontró con este ciego no le sanó inmediatamente, sino que puso un poco de barro en sus ojos y le dijo: "Vete a lavar en la piscina de Siloé". Y yo pienso: ¿por qué lo hizo? Yo creo que fue porque quería dar a este ciego algo más que sólo la vista, y entonces le dio algo más que fue una visión interior. Dijo la palabra: "VE", e intento preguntarme: ¿por qué fue a este ciego, por qué lo hizo? Porque él estaba expectante de recuperar la vista. Así, pues, él en realidad comenzó a ver con la Palabra, la Palabra de Jesús creó una nueva realidad en su vida.

Cuando nosotros actuamos de acuerdo con la Palabra de Dios, ya experimentamos la realidad que viene a nosotros. ¿Sabéis? Este ciego ya había empezado a recuperar su vista al ir hacia la piscina, porque la fe ya empezó a crear en él esa visión interior. Así, pues, cuando Jesús me habla personalmente, yo espero recibir lo que se me prometió, y esto es fe.

La fe no es solamente decir: "CREO EN DIOS", la fe es que voy a conseguir lo que se me prometió y yo voy a buscarlo. ¿Os acordáis de cuando Jesús caminó sobre las aguas? Pedro le dijo: "Señor, háblame y yo iré a Ti" y acordaros que Pedro seguía en la barca y tuvo la idea de que ¡él podía andar sobre el agua porque Jesús lo estaba haciendo!. Ninguna persona normalmente puede imaginar que puede caminar sobre las aguas, pero ahí Pedro tuvo un momento de gracia y ciegamente dijo: "Señor, dime que vaya a Ti y yo caminaré sobre el agua, y eso es lo que a veces hacemos con el Señor. A veces oramos y no sabemos lo que estamos pidiendo, porque le decimos a Dios: "Señor, dímelo y ¡Yo iré!". Y Jesús le dijo a Pedro: "Ven, ven a Mí". Así pues, salió de la barca y comenzó a caminar sobre el mar. Y estaba caminando y de repente empezó a pensar en ello y miró... y dijo: "No, esto es una locura, esto no puede ser, esto no es normal, ¡no es posible!" y empezó a hundirse en el agua. ¿Por qué? Porque no mantuvo la Palabra de Jesús, sino que empezó a mirar las circunstancias de su entorno.

La fe se da cuando mantienes la seguridad en la promesa de Dios y no te importa nada, sino que vas. No calculas, ni piensas si verdaderamente es posible hacerlo, simplemente lo haces. Así, pues, la fe es un poco ciega; no es que no sepamos lo que tenemos que hacer, pero a veces no sabemos cómo lo vamos a hacer.



Cuando Jesús nos habla, tenemos que ir. Hay una distinción muy clara entre la FE y la EXPECTACION, y quiero que comprendáis la diferencia, porque hay muchos carismáticos que cometen esta equivocación y mezclan la expectación con la fe. La EXPECTACIÓN se da cuando quieres hacer algo y con la convicción en tu corazón dices: "Creo que el Señor me va a bendecir". Cuando tenéis la idea de dar una conferencia de evangelización grande y queréis alquilar el estadio de fútbol y tenéis que pagar cinco millones de pesetas, cuando dices con la convicción de tu corazón: "El Señor me lo va a dar", eso no es fe, es expectación.

La FE es cuando tú oras y el Señor te dice: "alquila el estadio, porque Yo te voy a dar el dinero", y entonces lo haces, y hasta el último momento no tienes el dinero, pero tienes la convicción de que Dios te dijo: "Yo voy a pagar". Y así, hay una diferencia entre la expectación y la fe.

Sé de mucha gente que verdaderamente está herida porque no conocía la diferencia. Ellos intentan vivir en fe y se caen, porque ellos vivían en la expectación y no en la fe. La fe es cuando recibes la Palabra de Dios, y así tenemos que esperar en lo que dice el Señor, porque la fe comienza con la Palabra. Vuelven a recuperarla; esto es una experiencia espiritual más que una experiencia física, porque Jesús le estaba enseñando cómo caminar en fe. El punto número dos, es que cuando recibo la Palabra de Dios, mi respuesta a la Palabra puedo llamarla FE. La fe es la respuesta a la Palabra de Dios y cuando no hay Palabra no puedo ir. Así pues, tenemos que aprender a esperar, porque muy a menudo nos gustaría hacer algo y verdaderamente no esperamos al Señor, sino actuamos, y decimos: "el Señor me bendecirá".



El punto número tres, es que la fe me da un acceso a una nueva dimensión de vida. Y podemos leer en el versículo uno:

"La fe es garantía de lo que se espera, la prueba de las realidades que no se ven".

Así pues, hay cosas, hay riquezas que no se ven, son una bendición de Dios y en la carta a los Efesios, capítulo primero, el apóstol dice que "tenemos todas las bendiciones que necesitarnos en Cristo Jesús" (Ef 1,3).

Así pues, hay una bendición para cada momento de nuestra vida. Cuando nosotros accedemos a ese reto, siempre hay detrás una bendición. Pero solamente hay un camino para obtener esta bendición, que es la fe. Primero, Dios me da la Palabra. Segundo, yo respondo a Dios. Y por esta respuesta, yo tengo lo que tiene preparado para mí. Hay una canción en inglés, que dice: "Dad gracias..." Y hay una frase en esta canción que dice: "Deja a los pobres decir: "Soy rico". Deja a los débiles decir: "Soy fuerte", porque por fe tenemos todo lo que necesitarnos en Jesús. Así pues, toda la riqueza de su gloria es accesible para nosotros y por fe podemos obtenerla. Ahora vamos a estudiar algunos ejemplos sobre gente que lo hizo, que iban caminando en ese mismo camino, en el camino al que nosotros somos llamados a efectuar. En el versículo cuatro, vemos el ejemplo de ABEL.

'Por la fe, Abel ofreció a Dios un sacrificio más excelente que Caín, por ello fue declarado justo con la aprobación que dio Dios a sus ofrendas y por ella, aún muerto, habla todavía". (Hb 11,4).

¿ Veis? Abel ofreció a Dios el primer animal nacido de su rebaño, porque él era pastor, y en ese tiempo lo que hacían era matar a los animales porque la parte más importante del sacrificio era la sangre y para los judíos la sangre significaba VIDA. Así pues, cuando ofreció a Dios su primogénito que es el más precioso siempre, nuestro hijo primogénito es más precioso para nosotros, cualquier cosa que recibimos por primera vez es un tesoro para nosotros. Quizá Abel trabajó unos años para conseguir el resultado de su trabajo y él ofreció a Dios el primero que nació. Si tenéis animales (yo no soy ningún especialista, pero lo que sí sé es que cuando hay una hembra que pare, siempre el primero que nace es el más fuerte) y él ofreció el primero. Y ¿por qué lo hizo? Porque él tenía fe. Por fe dijo al Señor: "No importa que sea el mejor, porque si Tú me vas a bendecir, yo obtendré mucho más". Por eso, el sacrificio de Abel se convirtió en su sacrificio. El no solamente ofreció el animal a Dios, sino que ofreció toda su persona a Dios.

Y tenemos un pequeño pasaje en el Nuevo Testamento de esa pobre vieja, viuda, y ella ofreció en el templo todo lo que le quedaba de dinero. Eran sólo unas monedas y había otras personas que estaban dando mucho, pero era solamente una parte pequeña de su propiedad. En cambio esta mujer lo entregó todo y Jesús vio su corazón. Y dijo: "Esta mujer es la que más ha dado", porque su sacrificio fue real.

Y a veces, os habréis preguntado: ¿Cuánto debo ofrecer a Dios? Porque yo también veo en mi vida que a veces quiero agradar a Dios ofreciéndole "lo que me sobra", no el "primogénito", el último, el que ha nacido el último. Cuando nos llega dinero, primero piensas lo que tengo que pagar, lo que tengo que comprar, y al final dices: "bueno, a ver cuánto puedo dar a Dios". Pero el verdadero sacrificio, la verdadera ofrenda, es dar a Dios lo primero, y es lo que hizo Abel. A él no le importaba su futuro, porque dijo: "Mi futuro es mi Dios y Él me bendecirá con cualquier cosa que necesite". Así pues, la verdadera fe significa OFRECER A DIOS LO MEJOR. Su hermano Caín también hizo un sacrificio, él ofreció alguno de los productos de la tierra, porque él era labrador. En la Biblia no se vio claro el sacrificio, exactamente no conocemos por qué" fue rechazado; podemos suponer que él intentó complacer a Dios no haciendo un verdadero sacrificio. Así pues, él separó el sacrificio de sí mismo, y le dijo a Dios: "Esto es lo que yo te ofrezco y déjame en paz. Yo doy porque es mi obligación.". Pero Abel dijo: "Yo doy porque amo". Y Dios dijo: "El sacrificio de Abel era el mejor". Y cuando mató a Abel, Dios habló a Caín: "La sangre de tu hermano me habla". Así pues, cuando tenéis a gente que vive por fe, pueden ser asesinados, pero seguirán hablando a Dios, y por eso tenemos tantos mártires en la Iglesia y ellos hablan a Dios y por eso hay tantas gracias en cualquier sitio donde haya muerto alguien por martirio. Cada ofrenda verdadera, habla a Dios. Entonces, vamos a hacernos otra vez la pregunta: " ¿QUE ES FE?". Y podemos preguntarle a Abel: "Abel, ¿qué es la fe?". Y él te dirá: "La fe es una ofrenda a Dios, la fe es cuando me identifico con mi ofrenda", y así podemos medir nuestra fe. ¿Cuánto ofreces a Dios? Podéis pensar en vuestro tiempo, sobre vuestra propiedad, en vuestro corazón, lo que sea. ¿Cuánto ofreces de lo tuyo, de ti?

Y hay un principio espiritual muy importante: Cuanto más ofreces, más recibes", pero es sólo en fe. Y el principio este también me dice que no debo esperar este regalo de Dios, porque no es un préstamo. Yo no presto algo a Dios, y yo no le digo: "Dios, a ver, devuélveme". Es un acto de amor y de fe, pero a El le encanta devolverme.



El siguiente ejemplo, en el versículo cinco:

"Por la fe, HENOC fue trasladado, de modo que no vio la muerte, y no se le halló, porque le trasladó Dios". Porque antes de contar su traslado, la Escritura da en su favor testimonio de haber agradado a Dios."

¿Quién fue este hombre? Exactamente no lo sabemos, porque la Biblia habla muy poco de él, pero una cosa que sabemos es que él fue un hombre que complació a Dios. Él fue un hombre que era amigo de Dios, y la Biblia nos dice que fue llevado al cielo porque tuvo una relación tan fuerte con Dios que no se podía morir. Así pues, Dios le dio la bienvenida. Y ¿QUÉ ES LA FE? La fe es una amistad con Dios, es un caminar con Dios en cada momento de tu vida, es cualquier cosa que hagas, la haces por Dios".

Vamos a seguir un poco más adelante y veremos qué pasa con NOÉ {versículo siete):

"Por la fe, NOÉ advertido por Dios de lo que aún no se veía, con religioso temor construyó un arca para salvar a su familia; por la fe, condenó al mundo y llegó a ser heredero de la justicia según la fe."

Os podéis imaginar que vivís en las montañas, vosotros creéis en Dios y le rezáis con vuestra familia, y quizá Noé subía a la montaña muy alta para orar sólo. y de repente, Dios le habló y le dijo: "Mi querido Noé, tengo que compartir algo contigo. Voy a destruir este mundo, porque tengo el corazón partido por sus pecados, pero Yo veo tu fidelidad..." "Haré llover sobre la tierra cuarenta días con sus noches". "Mete tu familia y parejas de animales en el arca: y Noé cree a Dios. Sus hijos le oyen; ellos esperan a Noé porque era el hombre de fe. Y él les dijo: "Tenemos que edificar un arca arriba, en las montañas". ¡Os podéis imaginar la respuesta de la familia! Quizá el hijo mayor que tenía mucho valor, le dijo: "Lo siento, padre, te amo y te respeto, pero ¿no te parece una idea un poco loca el edificar un barco ahí arriba en las montañas? Pero es que el mar más cercano está ¡a quinientos kilómetros de aquí! Quizá podríamos hacer algo pequeñito". Y él le dice: "No, no, no, si a mí Dios me ha dicho que tiene que ser muy grande". Y lo hicieron. Y creo que la gente que vivía a sus alrededores decía: "¡Este pobre Noé está chiflado!, pero ¿qué está haciendo? Han cortado todos los árboles para hacer este arca..."

Fue exactamente la misma experiencia que tuvo nuestra Madre María, en Caná. Ella tenía fe en que Jesús podía hacer todos los milagros, aunque aún no los hubiera hecho. Ese fue el primer milagro de Jesús y es por lo que Él le dice: "Pero, ¿por qué me lo pides, si aún no me ha llegado el tiempo!"

¿ Veis? La fe es cuando tú esperas de Dios, aunque no veas. Por el ejemplo de Noé podemos preguntar qué es la fe, y la fe es la obra, el trabajar por Dios. La fe significa edificar una barca arriba, en las montañas. Si Él me lo pide, yo haré esas locuras. Pedro hizo lo que hizo Noé, aunque fuera una experiencia mucho más pequeña, cuando Jesús le dijo: "Echa las redes"; yo me imagino que Jesús le indicó cuál era el punto en el lago donde debía echar las redes; me imagino que le dijo: "Mira, vete allí y encontrarás muchos peces"; quizá era el sitio donde nunca podría pescar un pez, pero Jesús le dijo: "¡Vete ahí!" Así pues, no tenemos que discutir a Dios; si Él me dice: "Tienes que hacer esto", lo tengo que hacer.



Yo una vez tuve una experiencia muy similar. Cuando terminé mis estudios ya estaba casado, yo estudiaba en una ciudad lejos de mi ciudad natal y cuando terminamos de estudiar decidimos dejar el Grupo de Oración y decidimos ir a mi ciudad natal a vivir allí e intentamos preparar el sitio para nosotros y nosotros esperábamos que Dios bendijera esto. Pero no teníamos la promesa de Dios, "id allí y Yo os prepararé el camino, el sitio", aunque parece que estaba muy bendecido. Encontramos un sacerdote que nos invitó a su parroquia, nos dijo: "Vosotros vais a trabajar en mi parroquia, yo os voy a pagar y podéis hacer lo que queráis: porque podéis crear una comunidad, tenéis mi bendición completa para evangelizar...". Accidentalmente, en ese momento, el Obispo fue a visitar esta parroquia y el sacerdote le preguntó al Obispo sobre nosotros y el Obispo le dijo: "sí, sí, mantenedlos aquí, porque es gente muy buena". También había allí otras dos personas que también nos animaron a formar una comunidad allí.

Nos dejaron un apartamento y todo estaba perfecto, pero nos faltaba una cosa: PAZ. En verano nos fuimos a hacer un Retiro, había unas veinte personas, y fue uno de estos momentos locos de nuestra vida cuando nosotros rezamos a Dios ciegamente y no somos conscientes de lo que hacemos. Así pues decidimos orar por Europa y preguntar a Dios dónde quería mandarnos. Y fue muy tarde en la noche cuando oramos y el Señor empezó a decirnos por medio de profecías dónde debíamos ir. Pero el punto más importante fue que yo recibí la palabra: "Te tienes que quedar en el sitio donde estabas estudiando, porque quiero que empieces una nueva comunidad allí. Y yo dije: "¡Ay, Dios mío!". Y le dije: "Bueno, Señor, yo me quedaré si alguien se queda con nosotros", porque yo no me sentía cómodo de volver allí sólo con mi mujer y yo quería una garantía de que hubiera más personas con nosotros, porque no quería vivir sólo. Y el Señor me dijo: "No, hijo mío, Yo no te voy a dar a nadie más, porque tú has tomado la decisión, tú tienes que tomar esa decisión. Si tú vas a estar sólo hasta el final de tu vida, tienes que decidirlo tú". Y yo dije: " "¡Dios mío!" Y finalmente, para terminar la historia, decidimos volver a aquella ciudad sin casa, tuvimos que alquilar un piso, ni teníamos trabajo y no había nadie que nos apoyara.

Lo único que hacíamos era orar, y comenzó a llegar gente y comenzaron a trabajar con nosotros, y después de tres años había setenta personas en la comunidad. Y antes nos reuníamos en mi casa y uno de los sacerdotes de la parroquia cercana nos invitó y nos dijo: "Pero, ¿por qué os reunís en casa, cuando yo puedo dejaros la parroquia para que os reunáis?". Así pues, veis cómo Dios nos fue preparando el sitio. Cuando entramos en la parroquia, empezamos a evangelizar en las misas dominicales y más gente venía.

Al principio, nuestra comunidad se componía sólo de estudiantes de distintas ciudades de Polonia; pero en este momento el noventa por ciento del grupo son gente que pertenece a esta parroquia. Tenemos gente joven, vieja, familias, solteros...

Y después de cinco años, Dios nos dijo: "Os tenéis que mover" y esto significaba dejar la comunidad. "Quiero que salgáis fuera, al extranjero". ¿Sabéis? Tenemos que ser obedientes, porque cuando Dios nos habla también tiene una bendición para nosotros. La fe es que, cuando nosotros edificamos o hacemos algo estúpido, que puede ser estúpido para los demás, para Dios no lo es.

Recuerdo que cuando empezamos a trabajar para formar esta comunidad era una parte de la ciudad muy desolada y la gente de otras partes, mis amigos me decían: "Ahí no hay posibilidad de hacer ninguna comunidad; no puede tener éxito; estás perdiendo el tiempo". Y la fe es perder el tiempo para Dios. Si Dios te dice: "Hazlo": lo tienes que hacer; porque la fe se basa en la Palabra de Dios. Seguro que el arca no se hizo en una semana, probablemente estuvieron trabajando en ella dos meses o tres, pero hubo algo que motivaba a Noé a trabajar, él veía en su corazón, en su mente veía cómo venía la lluvia.

Así pues, a veces el Señor nos da la visión de alguna bendición que está llegando; es como si tienes un trozo de tierra seca y Dios te dice: "Hay un pequeño arroyo subterráneo en esta tierra", y lo tienes que encontrar, y trabajas durante cinco meses y no lo encuentras, pero hay algo que te mantiene motivado para seguir trabajando, es la visión del agua. Así pues, si Dios os ha dado la visión de evangelizar aquí, entonces tendréis una visión de la gente que quiere venir a conocer a Jesús. Aunque os lleve siete años para ver el resultado, vosotros seguiréis caminando por la visión que Dios os ha dado. Así pues, no debemos mirar las circunstancias y calcular "es posible" o "no es posible"; tenéis que responder: "AMEN, VOY, VAMOS': pero sólo si Dios nos dice que lo hagamos.



Vamos a ver Hebreos, capítulo once, versículos 8-10, donde tenemos el ejemplo de ABRAHAM:

'Por la fe, Abraham, al ser llamado por Dios, obedeció y salió para el lugar que había, de recibir en herencia, y salió sin saber a dónde iba. Por la fe, peregrinó por la Tierra Prometida como en tierra extraña, habitando en tiendas, lo mismo que Isaac y Jacob, coherederos de las mismas promesas. Pues esperaba la ciudad asentada sobre cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. "



Tenéis la misma historia en Génesis, capítulo doce, y yo os animaría a que leyerais y estudiarais este capítulo doce del Génesis más adelante, porque es uno de los textos más importantes de la Biblia. Lo que dice es que Abraham salió a buscar un país, una tierra, por una promesa.

Sabéis que era un hombre muy anciano, pero fue elegido por Dios para mostrar a la gente que Dios puede dar poder a todo el mundo. Allí estaba toda la familia en aquella ciudad donde vivía y de generación en generación fueron adquiriendo tierras, propiedades, casas... y de repente llega a casa Abraham y dice: "Y ahora vamos a irnos", y su mujer le dijo: "¡Estupendo!, ¿Dónde vamos?", y Abraham le dice: "Pues todavía no lo sé, pero Dios nos lo dirá!". ¿Estáis preparados para marcharos, no sabiendo dónde vais? ¡Esto es fe!. Muy a menudo lo que hacemos es coger de Dios el resultado y nosotros decimos: "Señor, yo no voy si Tú no me revelas lo que va a pasar; pero a veces no lo puede hacer porque nos ama y Él sabe que si nos lo revela, no iremos. Así, creo que Él nos está enseñando. Yo creo que lo más importante es seguir a Dios y verdaderamente saber cuál es su voluntad. Y también aquí hay una equivocación que es muy corriente. Cuando nosotros decimos: "la voluntad de Dios", a veces pensamos que la voluntad de Dios o es casarse o meterse en un convento, hacerse sacerdote o hacerse misionero, a veces pensamos que la forma de vida es la voluntad de Dios y a veces se pierde mucho tiempo intentando discernir la forma de vida y no nos importan los días estos que estarnos viviendo. Tenemos que tener en cuenta que la voluntad de Dios es para HOY, no importa lo que tú vayas a hacer dentro de dos años... Muy a menudo digo a los solteros, aunque no les gusta lo que les digo, esto: "Hoy estás soltero, deja a otros solteros", pero otros viven en el futuro porque creen que el presente es una preparación para el futuro. Eso es muy infantil.

Cuando mi hija tuvo su fiesta de cumpleaños hace unos días y le preparamos una fiesta... unos días antes de este día, estaba muy nerviosa y decía: "¡Estoy deseando que llegue el domingo!" A ella le daba igual ese presente, lo que quería era el domingo, y yo creo que nosotros hacemos lo mismo muy a menudo. Pero Dios está muy preocupado, porque su voluntad es para HOY. Es verdad que nos tenemos que preparar para el futuro, pero tenemos que encontrar la voluntad de Dios para hoy.

Así pues, si yo permito que Dios me dirija hoy y mañana, yo descubriré su voluntad, porque El me irá dirigiendo, me irá guiando todo el tiempo. Si eres soltero, vive como soltero y disfruta el presente, disfruta la gracia que Dios te está dando hoy, eso es fe, si vivimos así. De lo contrario, vamos a tener muchos problemas con el pecado, porque ¿sabéis cuál puede ser la tentación? La tentación es: "No te preocupes del presente, "esto" lo puedes hacer luego ya te confesarás. El presente no es importante, mañana es importante". Pero, ¿sabéis que nunca llega mañana? HOY, siempre estamos en el HOY, así pues no puedes esperar a mañana. Por eso, dice la Biblia: "Si tú HOY oyes la voz de Dios", responde HOY, no esperes a mañana, porque mañana nunca llega.

Así pues, podemos preguntar a Abraham: ¿qué es la fe? La fe es salir a lo desconocido, permitiendo que Dios me lleve más allá de mi comprensión y mi conocimiento, La fe es estar dispuesto a un constante cambio de decisiones. Yo fui líder durante cinco años, es muy importante y yo sé las tentaciones. Tenemos que tener mucho cuidado de no enraizarnos en nuestra silla, porque hay gente que parece que está tan enraizada que tienes que coger un cuchillo y cortar las raíces, porque se mantienen ahí tan fuertemente, pero la fe es la disposición de estar dispuesto a dejar tu posición de líder. Si Dios te lo dice, deja el liderazgo, porque lo que yo hago no es importante, lo importante es "quién soy yo", mi identidad no está en el liderazgo, mi identidad está en Cristo. Así, cuando yo hago algo o cuando no lo hago, me siento igual. Para algunos de nosotros es difícil aceptar que "yo soy un líder, pero no hago nada". Cuando yo doy un Retiro para sacerdotes es muy difícil, porque cada uno quiere hacer algo, ellos no se sienten cómodos sentados escuchando sin hacer nada.



Pero la fe también significa descansar en Dios. Cuando yo me siento y permito que Dios me hable, y si Dios me dice: "Bien, yo aprecio tu trabajo, eres un líder muy bueno, pero tengo algo distinto para ti ahora, ahora tienes que renunciar a tu liderazgo. Hay alguien muy joven en tu comunidad y él va a reemplazarte, y tienes que decir: ¡Aleluya! Eso es fe. Que yo no mantengo mi antigua posición, estoy siempre dispuesto a salir, a moverme para seguir a Dios, porque el sitio donde Dios me está llevando es el sitio mejor para mí. Así tenemos que arrepentirnos de nuestro problema de identidad, porque algunos de nosotros hemos encontrado la identidad en el trabajo que estamos efectuando, pero Dios quiere que encontremos nuestra identidad solamente en El.

Cuando yo me voy siempre dejo algo en el sitio antiguo, porque el trabajo de Dios siempre está conectado con el que dejamos algo atrás o a alguien atrás, y esto es muy a menudo el precio que debemos pagar. Así pues, la fe es una forma de vida. La fe es la forma de dejar algo fuera, la realidad de ser elegido y ser enviado por Dios. Por fe, camino en la realidad que es invisible, pero cuando yo confieso y veo la fe, esta fe se hace realidad. Y es algo extraordinario. Tenéis que ser conscientes de que la fe es siempre sobrenatural, viene de arriba, de distintos órdenes de cosas, pero la fe es el elemento básico de vivir en el poder del Espíritu, porque sin fe no podemos complacer a Dios. Así pues, la fe toca cada dimensión de mi vida, la fe afecta toda mi forma de vida, mis actitudes, mis decisiones.,. Así que ya veis cómo no se puede separar la fe de nuestra vida. Si nosotros lo separamos, no es fe, solo es Religión, es algo que "hacemos"; pero la fe es algo que somos, por eso el autor de la carta a los Hebreos nos da tantos ejemplos que podemos intentar modelar nuestra vida.



También quiero deciros que HAY VARIOS OBSTACULOS QUE DEBEMOS SUPERAR AL VIVIR EN FE:

- La primera dificultad es LA DUDA, o podemos llamarla INSEGURIDAD, es cuando ponemos esa pregunta ante Dios y decimos: " ¿Cómo hago?". No hay nada malo en dudar. Cuando Gabriel se acercó a María le dijo: "Concebirás un Hijo, el Hijo de Dios "Y ella dijo: "Pero, ¿cómo?. Ella dijo: "Yo no estoy casada". No es malo dudar, pero la

cuestión es qué hacemos con la duda, porque la duda y la inseguridad es una reacción humana, pero lo que puede ser pecaminoso es lo que hacemos con la duda.

Lo mismo ocurrió con Abraham y con Sara. Aquí es muy gracioso el Génesis, en el capítulo 17.Dios les dijo: "Vais a tener un hijo", y Sara cayó al suelo de risa, ella no se pudo mantener de pie de la risa que le dio, y le dijo a Dios: "Tienes que estar bromeando; ¡YO tengo ochenta años!" .Así que no hay nada de malo en la duda;

pero el problema es que cuando la duda se convierte en no creer.

Si tomáis el Evangelio de Lucas, tenemos en el primer capítulo, una cosa muy interesante, y es que cuando Lucas escribió el Evangelio, en el primer capítulo Lucas nos pone dos ejemplos distintos para enseñarnos la diferencia entre la increencia y la duda. Vemos, en primer lugar, la historia de Zacarías, el padre de Juan Bautista, y justo detrás tenemos la historia de María y de Gabriel. El mismo ángel se acercó a Zacarías en el templo y le dijo: "Tu mujer concebirá un hijo", exactamente el mismo mensaje. Y tenemos la misma reacción del hombre, dice: "Pero, ¿cómo, si soy muy viejo?" El ángel reacciona de otra forma y Gabriel le dijo: "¡Tú no crees!". Aquí es muy difícil encontrar en el capítulo de Lucas la distinción, porque Dios ve el corazón, aquí lo único que vemos nosotros es la diferencia de reacción de Gabriel, que le dijo: "¡No vas a poder hablar, porque no creíste en lo que te dije!". Así, pues, tenemos que tener mucho cuidado porque, cuando Dios nos habla, nuestra reacción es la duda, pero tenemos que cuidar de no rechazar la Palabra de Dios. Creo que muy a menudo nos tenemos que arrepentir por nuestra falta de fe, de increencia, y hay muchas obras de Dios que han caído porque la gente no cree.

También tenemos el ejemplo de la certeza. Moisés se acercó a Dios y dijo: "No tenemos agua, esta gente quiere que le dé agua", y ellos iban caminando por el desierto y Dios le dijo: "No hay problema, coge tu vara y pega la piedra y saldrá el agua, es muy fácil, coge tu vara y da a la roca". La fe es lo que tienes en tu corazón antes de que llegue la promesa. Y hay un momento de duda, y te preguntas: " ¿ Va a ocurrir verdaderamente?" Y la fe te dice: "Sí". "No porque yo lo espero de Dios, sino porque Dios me hizo la promesa". Entonces, ¿qué es la fe? La fe es mantener la Palabra de Dios.

Leemos en el Génesis, en la historia de Abraham, que él vivió por la providencia de Dios todos los días. Y hay una historia en el capítulo catorce del Génesis, vers. 22 y 23, que puede no estar claro para vosotros, pero cuando miras desde el punto de vista de la fe, comprenderéis el principio. ¿Sabéis? , había una guerra y Abraham fue a luchar contra cuatro reyes, y él fue el victorioso y volvió, y vemos que estaba el sacerdote Melquisedec y él le dio el primer diezmo de cada cosa conquistada. Y en el versículo 21, leemos: "Y dijo luego el rey de Sodoma a Abraham; Dame las personas y quédate con la hacienda. Pero Abraham dijo al rey de Sodoma: Alzo mi mano ante el Dios Altísimo, Creador de cielos y tierra, ni un hilo ni la correa de un zapato, ni nada de lo tuyo tomaré, y así no dirás; "yo he enriquecido a Abraham". Nada en absoluto, salvo lo que han comido los mozos y la parte de los hombres que fueron conmigo; Aner, Eskol y Mambré. Ellos que tomen su parte".

Sabéis que Abraham no quería coger nada, pero para comprenderlo tenéis que leer todo el capítulo catorce y veréis que el rey de Sodoma fue cogido como cautivo y Abraham fue a liberarle, y le dijo a Abraham: "Bien, gracias por tu ayuda, puedes tomar todas nuestras posesiones", y Abraham le dijo: "No, porque no quiero que alguien diga que el rey de Sodoma me hizo rico, porque el que me hace rico es Dios". Así, pues, la fe es vivir en providencia de Dios, aunque trabajes, aún así tienes que vivir en la providencia de Dios, porque aunque nosotros trabajemos, nuestro dinero viene de Dios, porque nuestro trabajo viene de Dios. Si tú sientes que es "tu" trabajo y "tu" dinero, puedes pensar que fuisteis tú quien te hiciste rico, pero hay un Dios que es el que está actuando en nuestra vida. Así pues, cuando veo que es Dios el que me provee no tengo ningún problema en devolver. Es lo que dijo Jesús sobre la viuda. También encontramos el mismo principio en la historia de Elías y esa pobre viuda, cuando Elías le dijo: "Tu jarra de harina nunca se vaciará, porque Dios te proveerá a diario". y tenemos que estar conscientes de que Dios es nuestro proveedor.



Y el último ejemplo, aunque tengamos muchos más ejemplos en Hebreos 11, pero os quiero mostrar cómo debéis hacer vuestro estudio. Vamos a leer sobre Abraham e Isaac, versículos 17 -19:

Por la fe Abraham, sometido a la prueba, presentó a Isaac como ofrenda, y él que había recibido las promesas, ofrecía a su unigénito, respecto del cual se le había dicho: Por Isaac tendrás descendencia. Pensaba qué poderoso era Dios aun para resucitar de entre los muertos. Por eso recobró a Isaac para que fuera también figura.

Dios habló a Abraham POR LA NOCHE y Abraham se pasó toda la noche orando. Salió por la mañana y estuvieron viajando durante un tiempo. Puedo imaginarme el peso de su corazón cuando Dios le dijo: "Tienes que matar a tu hijo único", que fue prometido. Sabéis que hay momentos en nuestra vida donde parece que Dios nos quiere quitar lo que nos entregó. Y Abraham dijo: "Sí", y era su hijo único, su hijo precioso. y dijo: "Dios me lo ha dado, Dios se lo lleva". Y hay algo que a mí me llega muy al fondo.

En la historia, en el Génesis, quiero mostraros un versículo que nos muestra la fe de Abraham. Está en el capítulo 22, en el versículo 5. Escuchad bien lo que Abraham dijo a los criados al llegar a la montaña:

"Manteneos aquí con el burro, yo y el muchacho iremos hasta allí, adoraremos y volveremos donde vosotros".

Hubo un momento en el que yo estaba leyendo este capítulo y no entendía. Vosotros sabéis que él iba a matar a su hijo, porque pensaba que si Dios se lo había dado, Dios podía hacer lo que quisiera. Pero él le dijo a los criados "nosotros volveremos pronto, ¡que fe tan grande tenía!. El les dijo: "Nosotros adoraremos a Dios y volveremos". Y escuchad: ellos subieron, él y su hijo, y en el camino Isaac habló a su padre: "Aquí está el fuego y la leña, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?" Yo creo que en este momento Abraham recibió la gracia de comprender la salvación, yo creo que Jesús está presente en ese momento con él, porque ya sabéis la respuesta que dio a su hijo: "Hijo mío, Dios proveerá el cordero para el holocausto". Y Dios lo hizo. Dios mandó a su único Hijo que se hizo el Cordero de Dios. Y sabéis que la tradición judía nos dice que el monte Moria fue el mismo monte donde Cristo fue crucificado. Así pues, cuando Abraham llegó a ofrecer a su hijo, Dios le dijo: "No, no es necesario, porque Yo voy a enviar a mi Hijo para que tu hijo pueda vivir eternamente". Y yo creo que lo que quería era enseñarnos sobre la fe. ¿Sabéis lo que es la fe? La fe es una dedicación, cuando hacéis algo muy especial para Dios, algo que pueda ser invisible para otros, o que es solo un regalo para Dios. Nadie lo sabrá, sólo Dios. Y eso es la fe. Y es lo que hizo Abraham, él puso a su corazón en una gran libertad y dijo: "Mi hijo no solamente es mi hijo, pero mi hijo también es tuyo, así pues Tú puedes guiar a mi hijo como Tú quieras". Es la lección que nosotros podemos tomar como padres, porque a veces tenemos unos planes maravillosos para nuestros hijos, pero tenemos que acordarnos de que Dios tiene el plan perfecto, y tenemos que liberar a nuestros hijos para Dios.

Así pues, la fe es la dedicación perfecta a Dios. Entonces, el ángel de Yahveh le llamó desde los cielos diciendo: "Abraham, Abraham". Él dijo: "Heme aquí". Dijo el ángel: "No alargues tu mano contra el niño, no le hagas nada, que ahora sé que tú eres temeroso de Dios ya que no me has negado tu hijo único". Levantó Abraham los ojos, miró y vio un carnero enredado en un zarzal por los cuernos. Y sabéis que cinco mil años después, Dios proveyó de otro Cordero, que estaba enganchado no en una zarza, sino que en los pecados, problemas y desgracias del pueblo. Y fue la mayor dedicación. Jesús ofreció a Dios la mayor dedicación.



Dios ha hecho lo mismo que hizo Abel, él ofreció lo mejor. Así pues, la fe es ofrecer lo mejor, y lo mejor que tenéis y lo mejor que tengo yo es mi vida, es vuestra vida. Lo mejor de la fe es dedicar tu vida al Señor. Y este pasaje de la Biblia nos dice que tenemos que dedicar nuestra vida al Señor. Tenemos muchos más ejemplos en este capítulo... Versículos 13 a116:

"En la fe murieron todos ellos, sin haber conseguido el objeto de las promesas: viéndolas y saludándolas desde lejos y confesándose extraños y forasteros sobre la tierra. Los que tal dicen, claramente dan a entender que van en busca de una patria; pues si hubiesen pensado en la tierra de la que habían salido, habrían tenido ocasión de retornar a ella. Mas bien aspiran a una mejor, a la celestial. Por eso Dios no se avergüenza de ello, de ser llamado Dios suyo, pues les tiene preparada una ciudad..."

La fe es decir: "Yo solamente soy un extraño aquí, yo sólo estoy viajando, no tengo una tierra que sea mi patria aquí". Y este tipo de fe nos da mucha libertad, estáis libres para Dios. Así pues, nos tenemos que hacer como uno de ellos, porque lo que hemos leído es que a Dios no le da vergüenza decir: "Soy vuestro Dios".

Quiero concluir con un pasaje del libro de JOB. Empieza la historia cuando Satanás llega a hablar con Dios y Satanás discute con Dios. Y, ¿sabéis lo que le dijo Dios a Satanás? Le preguntó: "¿Has visto o has oído alguna vez a mi siervo Job?". Lo leemos en el primer capítulo, versículo ocho: "Y Yahveh dijo a Satán: ¿No te has fijado en mi siervo Job?".

¿Os imagináis? Es Dios que está hablando con su enemigo. Él está muy orgulloso de Job, porque Job tenía mucha fe, era el hombre de fe. Y Dios dijo a Satanás: " ¿Has visto a mi siervo Job?"

Yo quiero desearos algo, quisiera desear que Dios os mirara y que El diga a alguien más: " ¿No te has fijado en mi siervo fiel? ¿Has visto alguna vez a mi siervo precioso?" Si vosotros pensáis en una vida feliz, si vosotros pensáis en la recompensa de Dios, esa es la mejor recompensa, cuando Dios te diga: "Yo no me avergüenzo de llamarme tu Dios". Y es lo que buscamos, nosotros no buscamos la recompensa en la tierra; puede llegar, pero nos da igual, porque nosotros buscamos la mejor recompensa. Y por eso dice Jesús a los fariseos; "Ellos ya tienen su recompensa, porque ellos lo que buscaban era respeto y honores humanos", pero Jesús nos dice: "Tenéis que buscar la recompensa divina". Cuando Dios ve tu compromiso total y radical, cuando él ve tu dedicación total, entonces El te proveerá del carnero, El te proveerá de la bendición, El te proveerá de una vida plena. AMEN.



("Nueo Pentecostés", nº 51-52)